Con diez cañones por banda viento en popa a toda vela, no cruza el mar si no vuela un avión con destino a Delhi.
con unas manos gigantes y plateadas con las posiciones budistas de relajación, preludio de lo que más adelante encontraríamos en los monumentos que visitaríamos. Todo limpio y reluciente, una parodia de lo que en realidad veríamos más allá de sus puertas. No tardamos demasiado en sentirnos perdidos, ante nosotros una interminable hilera de taxis y más allá unos buses destartalados, parece que estemos al lado de unas ruinas, todo en construcción. Nuestro primer contacto fueron cuatro españóles que aterrizaban el mismo dia que nosotros. Ellos, algunos con experiencia, nos dieron una idea de lo que teníamos que costaba el taxi.
En nuestro primer viaje, en un taxi muy elemental, es decir, con cuatro ruedas y un volante sin más, con una conducción algo más que temeraria, un saltarse las normas de circulación aún jugándose la vida (ya que creen en la reencarnación) observábamos como dos carriles se convertían en cuatro a su antojo o necesidad y como nos adelantaban tanto por la derecha como por la izquierda, oíamos como los claxon de los coches no cesaban de sonar . Y así fue como llegamos, vivos por casualidad, a la calle de los mochileros llamada Main Bazar.
En este lado de la ciudad la gente es muy pobre, hay muchísimo polvo en el ambiente, muchas personas duermen en la calle y nos piden dinero sin cesar, no hay recogida de basuras y la gente la quema provocando un olor extremadamente fuerte y desagradable. Nuestro primer contacto con los hoteles y Loudges se puede comparar a lo que es una habitación en una peli de miedo; sábanas sucias, humedad en las paredes, baños negros de la mugre, restos de escupitajos sanguinolientos, que después resultaría ser tabaco de mascar... Pero todo esto tiene su encanto y se llama India.
Al final nos decidimos por el Hotel Docente escondido en una pequeña callejuela en el centro de Main Bazar, que aunque seguía los estándares de las otras al menos era barato.
A la caída del sol miles de tenderetes inundan las calles, un bullicio impresionante de indios haciendo negocios sucios, oscuros.
En este ciudad necesitaremos un par de días, un Fuerte, una plaza llamada Conaught Place e intentar entrar a la vieja Delhi, cosa que parece ser complicada, serán nuestras próximas visitas.
El primer día lo dedicamos al centro de la ciudad, Conaught Place, una plaza donde todo cambia; los edificios son altos, de construcciones modernas, en sus plantas baja hay tiendas de ropa de marcas occidentales, locales de comida rápida, MC Donals, KFC... si no fuera por la aglomeración de autorickshaws y que todo el mundo es moreniiiísimo, nos parecería no estar en la India. Hasta las personas cambian, la mayoría de clase alta, bien vestidos e incluso con gomina en el pelo. Un despiporre de medios ante tanta pobreza.
En el centro de la plaza unos grandes jardines poco cuidados donde aún siendo al aire libre, no se puede fumar y para entrar debes pasar por un detector de metales, cosa que no acabamos de comprender - pero bueno, sus motivos tendrán-.
Allá por el segundo día intentamos aventurarnos a entrar a la Old Delhi, pero justo en la entrada un policía amablemente insistió en que diéramos media vuelta, ya que según él, la gente blanca poco teníamos que hacer allí.
No contentos con esto, lo volvimos a intentar por un camino diferente para evitar al señor agente. Pero no, no pudo ser!!!!!
Un conductor de autorickshaw, con el mismo tono de voz, la misma sonrisa y el mismo ingles absurdo, aunque con aliento a alcohol, nos repite exactamente lo mismo. A la vez que aprovecha para intentar vendernos alguna ¨cosita¨ y llevarnos a una agencia de turismo del gobierno. No lo vemos mala idea, ya que estas oficinas, según nuestra guía, son las únicas fiables. Pero, !sorpresa! el itinerario que habíamos pensado hacer salía por cortarse una pierna, un brazo, donar nuestros cuerpos, los de nuestros hijos y tres generación venideras a la ciencia para poder pagarlo. Yel colmo es que nos largaba del país en un mes y medio con billete de avión incluido. La idea de hacer el mochilero cada vez cobra más fuerza.
El fuerte resultó ser una especie de amurallado enorme, muy alto y bien conservado. Para acceder a su interior unas puertas de arco gigantes que una vez atravesadas mostraban tenderetes de recuerdos varios y unos jardines en el final d el pasillo en los cuales se ofrecía un espectáculo de luz y sonido cada noche. No teniendo mucho más, cruzamos la calle - que cruzar la calle aquí no es cualquier cosa- y nos adentramos en un bazar lleno de todo tipo de tecnologías y comidas. Anonadados ante tanto ajetreo de gente yendo y viniendo empezamos a caminar sin mucho rumbo. Al cabo de un rato nos encontramos en unas calles muy oscuras, con gente mirándonos muy raro, hasta con un puesto de control policial. Como estábamos absolutamente perdidos nos acercamos al poli para preguntar y..... WUALA!!! Estamos en el centro de Old Delhi!! Esto sí que es contraste, lo conseguimos. Salir de él nos llevó una hora de caminata y muchas extrañas miradas hasta que por fin dimos con Main Bazar, que por ahora era nuestro hogar.
El resto del tiempo lo dedicamos en comparar precios, deambular por las callejuelas y probar todo tipo de comida picante, que es lo único que te sirven, y en pensar en nuestro siguiente destino que resultará ser Agra.